jueves, septiembre 04, 2008

Ser periodista

Ser periodista no es tan atractivo cuando uno se pone a ver los riesgos a los que se someten los reporteros por ponerse a destapar ollas podridas, denunciar los atropellos de las autoridades, confrontar a los violentos, informar sobre las actividades non sanctas de tantos personajes públicos, criticar al gobierno o simplemente opinar sobre la compleja realidad nacional.

Ser periodista pierde algo de encanto cuando uno ve que más del 85 por ciento de los casos de periodistas asesinados en los últimos trece años en Colombia sigue en la impunidad, pese a los golpes de pecho que suelen darse las autoridades judiciales año tras año, cada vez que se divulgan estas escandalosas cifras.

Ser periodista no resulta muy llamativo si la ilusión de trabajar en el periódico más grande del país termina convertida en una decepción, al descubrir que allá creen que le pagan a uno la mitad del salario en prestigio y la otra mitad en dinero; como si uno fuera a Carulla y, al decir que trabaja en ese diario oficial, le llenaran gratis el carrito del mercado.

Ser periodista es sentirse traicionado cuando uno le oye decir a Enrique Santos, en plena asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que Álvaro Uribe ha sido un garante de la libertad de expresión y que “no ha tenido un solo acto que pueda considerarse como un atentado contra la libertad de prensa y de expresión”, olvidando sus ubérrimas arremetidas contra ilustres colegas colombianos y extranjeros que se han atrevido a cuestionarlo y de las cuales han sido víctimas, entre otros, Joseph Contreras (Newsweek), Alejandro Santos (Semana), Patricia Janiot (CNN), Gonzalo Guillén (El Nuevo Herald), Juan Carlos Iragorri (RCN) y más recientemente Daniel Coronell, el insolente director de Noticias Uno. (Y pensar que ese mismo Enrique será el próximo presidente de la SIP)...

Ser periodista es sentir vergüenza ajena cuando una columnista como María Isabel Rueda pretende descalificar a The New York Times por sugerirle a Uribe que no se vuelva a lanzar. ¿Se imaginan las graves repercusiones que debió tener ese artículo? Es presumible que desde el pasado domingo la circulación del periódico más influyente de Estados Unidos se haya ido a pique; que la publicidad haya disminuido verticalmente; que sus directivas estén con los pelos de punta y sin poder dormir; y que hayan despedido a la mitad de integrantes del consejo editorial, por irresponsables. Supongo que ese diario no atravesaba una crisis así desde octubre de 2007, cuando Paola Ochoa (la fugaz consejera de prensa de la embajada colombiana en Washington), en protesta por un editorial sobre el TLC, mandó una carta acusando al Times de “cínico, inhumano, hipócrita, irresponsable e insensible”.

Ser periodista es indignante cuando los colegas acreditados en la Presidencia son sometidos a todo tipo de vejámenes por los encargados de la seguridad democrática del mandamás de la ‘Casa de Nari’.

Ser periodista en Colombia, retomando la frase de Borges en su cuento Ulrika, “es un acto de fe”.

7 comentarios:

  1. no fuí uribista ni cuando estaba de moda

    ResponderEliminar
  2. Esa queja del 85% de impunidad en los casos de asesinatos de periodistas es muy sonora, pero creo que es porque ellos (ustedes) tienen acceso a los medios para hacerle eco. ¿Cuál es el porcentaje de impunidad de los asesinatos de abogados, ingenieros, estudiantes, sindicalistas, deportistas, policias, etc.? Apuesto a que TODOS están por los mismos lados (excepto quizás la de los sindicalistas).

    ResponderEliminar
  3. Es cierto...es mejor decir SER COLOMBIANO, como lo dijo Borges en su famosa frase del acto de fe...porque ser colombiano es sinonimo de impunidad...con los periodistas sucede lo mismo que con los sindicalistas, que son gremios que hacen mucho "ruido" y por eso se hacen notorios los crimenes que afectan a esos gremios. Aun no he podido entender porque el Congreso estadounidense, lease el partido democrata, pone el grito en el cielo por la muerte de sindicalistas y arguyen eso para no aprobar el TLC y permanecen mudos ante el exterminio de tantos campesinos colombianos en manos de los paramilitares y de los miles de ninos y familias desplazadas durmiendo en las esquinas de Bogota!!. Esa moral no la entiendo. Volviendo a lo de SER PERIODISTA, es triste lo que pasa en Colombia con los grandes medios o con los periodistas con legados, como Enrique Santos Calderon que acolitan todos los desvarios del gobernante de turno. Cuando yo era muy, muy jovencita, la primera vez que vi el nombre de Enrique Santos Calderon fue en una finquita de mis abuelos, en unas deliciosas vacaciones y uno de mis primos atesoraba la revista Alternativa, en ese momento empece a leerlo...pero su transformacion posterior no tiene coherencia con ese pasado. Aunque creo que aun hay mucha esperanza para el periodismo colombiano, no todo es negativo, ahi estan los Coronel, Maria Jimena, Antonio Caballero, usted y muchos mas que ayudan a que esa fe se mantenga.

    ResponderEliminar
  4. Acto de fe o no, son los verdaderos periodistas los que hacen que el pueblo mantenga un ojo critico frente a todo lo que pasa en el mundo. Lo triste es que los periodistas mediocres, que solo se dedican a transmitir como loros la información que le envían sus superiores sin investigarla, sean más.

    Es por eso que los buenos periodistas no deben desfallecer en la tarea que tienen frente a esa parte de la población que no traga entero. Animo, que todo el buen trabajo siempre tiene eco.

    ResponderEliminar
  5. Lo de Maria Isabel Rueda es muy divertido, creo que es la crisis más grave que ha tenido el New York Times, esos insolentes lo pensarán otra vez antes de meterse con nuestro presidente, jejeje. Me recordó cuando Joseph Blatter, con no más de 10 palabras, descartó la candidatura de Colombia para organizar el mundial de fútbol de 2014, y Uribe le "ordenó" que limpiara el fútbol de las mafias que lo "infeccionaban". Seguro que la FIFA tembló, jajajaja.

    ResponderEliminar
  6. Vladdo, comentario aparte de este post, pienso que debería agregarle 7 estrellas a la casa de nari en su próxima entrada.

    ResponderEliminar