jueves, julio 29, 2010

Días de independencia

Medio en serio y medio en broma, mucha gente me ha preguntado en las últimas semanas qué me habría puesto a hacer si Mockus hubiera ganado la presidencia. A renglón seguido, esos mismos curiosos se responden a sí mismos: “Se habría quedado sin trabajo. Menos mal ganó Santos; para usted era lo más conveniente”. Cuando por fin me dejan decir algo, les recuerdo que por mucha simpatía que uno sienta por un candidato, a la hora de la verdad cada uno tiene que hacer su trabajo de la mejor manera posible. La función de los gobernantes es ejercer adecuadamente el poder y la de la prensa, terreno en el cual me muevo yo, es analizar, fiscalizar y opinar sobre la tarea de los mandatarios, sin importar qué tan cercanos o distantes sean en el aspecto ideológico o en el campo personal.

Por mi experiencia puedo decir que esa cuestión no la entiende todo el mundo: ni el público ni los políticos, muchos de los cuales creen que al establecer cierto grado de amistad con periodistas adquieren una suerte de inmunidad sobre sus actuaciones. Hace años una de esas figuras públicas (que nunca entendió la frontera entre una y otra cosa) me reclamó porque, según su tesis, ciertos periodistas, incluido el suscrito, éramos adorados en privado, pero muy severos en público.

La culpa de esta confusión no es toda del público ni de los políticos, sino que se debe en buena medida a que los numerosos casos de periodistas que, ocultos tras una máscara de equilibrio e independencia que a la larga no practican, se ponen al servicio de personajes y causas particulares. Me refiero en especial a quienes trajinan con información de manera supuestamente imparcial y que por lo tanto deberían ofrecer cierto grado de objetividad, pero que en realidad se dedican es a cuidar la imagen de personas cercanas a sus afectos, lo que en la práctica no es más que un engaño a la audiencia.

Es distinto el caso de los columnistas o articulistas de las páginas editoriales, cuyas opiniones son intrínsecamente subjetivas. El hecho de que no sean objetivos no tiene por qué sugerir que no sean independientes; son dos conceptos diferentes, pero compatibles. Lo que se espera de quienes escriben en las secciones de opinión es precisamente eso: que opinen y expliquen el fundamento de sus afirmaciones, pero que lo hagan con transparencia.

En principio, no tiene nada de malo ni es ilícito que un periodista asesore alguna empresa o a un político; lo malo es que simultáneamente salga a opinar sobre las actividades de su cliente como si nada, y, peor aún, sin advertirles a sus lectores. Es verdad que uno como columnista puede asumir posiciones muy personales en sus escritos, pero no es igual opinar libremente que hacerlo mediando algún compromiso económico o de cualquier otra índole. Total, uno puede vender el trabajo, pero no la conciencia.

4 comentarios:

  1. El periodismo debe ser Imparcial, mas no insensato.

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  2. Muy buena Columna y es para que aprendan a diferencia a Vladimir Flórez que puede ser el amigo y a Vladdo quien es el caricaturista!!!

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  3. Estoy de acuerdo con que muchas personas no hacen sino opinar sin conocer (y sacar sus propias conclusiones sin, al menos, esuchar).
    Pero ese es un problema que va mucho más a fondo. Por ejemplo: algunas personas celebran el bicentenario, y muchas de ella ni siquiera entienden cuál es el fondo de la celebración (celebran por celebrar, porque los espectáculos son bonitos); muchas personas van a misa por costumbre, oran sin reflexión, viven la vida de una forma y piensan de otra.
    Eso es algo que la educación debería darle a las personas. Hace falta papel y lápiz...

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  4. Es interesante que estamos de acuerdo, su columna toca temas muy actuales de los "periodistas" colombianos.

    Le regalo un link interesante http://jolieodell.wordpress.com/2010/07/21/how-to-tell-a-journalist-from-a-blogger/

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