jueves, agosto 12, 2010

Las movidas de JMS

Si en Venezuela el gobierno sigue siendo el mismo que había hace ocho días, liderado por el mismo presidente, ¿a qué se debe que hoy entre Venezuela y Colombia reine una atmósfera de entendimiento y cordialidad, tan distinta de la que se respiraba la semana pasada? ¿Cuál era ese factor que hacía que entre estos dos países no se hablara sino de confrontación, puertas cerradas y relaciones rotas, con los consecuentes perjuicios para los habitantes a lado y lado de la frontera?

Antes de responder lo anterior, podríamos traer la misma discusión un poco más acá y ver cuál es el panorama que se avizora hoy en la capital del país, más exactamente en el centro de Bogotá, donde ahora se percibe un aire de armonía entre el poder ejecutivo y el poder judicial, que marca un evidente contraste con el pesado ambiente de los últimos meses.

No hay que ser politólogo ni historiador de ninguna escuela de altos estudios, para descubrir que la principal causa de estas desavenencias entre el presidente venezolano y su par colombiano, o entre éste y las altas cortes era la actitud del anterior inquilino de la Casa de Nariño, quien con su delicadeza de arriero creía que la mejor manera de limar asperezas era a punta de zurriago.

Los primeros movimientos de Juan Manuel Santos en la presidencia son sin lugar a dudas un acierto en la medida en que los presidentes deben cumplir sus obligaciones sin reemplazar los razonamientos con una fusta, y sin tratar de zanjar las diferencias con insultos en vez de argumentos, saltándose de paso todas las instancias del diálogo que debe haber entre un mandatario y los representantes de las otras ramas del poder, o con los líderes de países vecinos.

Las decisiones de JMS no son anormales ni extraordinarias. Lo anormal y extraordinario (o superordinario, mejor dicho) era ese estilito camorrero del ex mandatario del Ubérrimo para manejar los asuntos del país como si fueran problemas domésticos de su finca, tratando a las demás autoridades como peones y a los dignatarios latinoamericanos como rivales de pandilla.

Al tratar de encauzar nuevamente las relaciones con los vecinos por los senderos de la diplomacia, JMS lo único que hace es ponerle a la agenda internacional la lógica extraviada en los últimos ocho años. En ese sentido, ha sido afortunado nombrar en la Cancillería a María Ángela Holguín, quien sabe tanto de relaciones internacionales como de tacto y buenas maneras, materias primas de esa cartera, que sus inmediatos antecesores desconocían por completo.

Estas movidas deben tener muy mortificado al recién estrenado ex presidente, quien dejó varios incendios que Santos ha tenido que apagar de una para empezar su gobierno con relativa tranquilidad; actitud perfectamente entendible, pues mal haría el nuevo mandatario revolviendo los pecados heredados con sus propias culpas, que no demoran en salir a relucir y con las cuales tendrá que lidiar.

3 comentarios:

  1. Se siente un halo de objetividad en su comentario muy interesante. Para los que odiamos la ramplonería de Uribe y sus acostumbradas escenas de vaquero belicoso, las nuevas actitudes de Santos han sido adecuadas y necesarias como usted lo manifiesta, sin embargo, es importante que se advierta sobre las consecuencias que puede tener hacer lo que se debe cuando hay tantos intereses políticos de por medio. Amanecerá y veremos...

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  2. Cierto. Aunque son bienvenidos el nuevo tono, el respeto y la diplomacia restablecida, toca esperar qué más pasa...

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  3. Totalmente de acuerdo con usted Vladdo, ademas le admiro su objetividad, ya que se sabe que JMS no es precisamente SANTO de su devocion. Como colombiana me sentia tan fatigada con Uribe y sus camorras personales convertidas en asuntos de estado, que hasta me esta cayendo bien Juan Manuel.

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