miércoles, agosto 11, 2010

Libro al parque

A propósito del comienzo de la Feria del Libro, retomo esta nota que escribí hace unos años, pero que sigue muy vigente.

Uno de los mejores programas que les ofrece Bogotá a sus habitantes es sin duda alguna la Feria del libro. Pensar en la Feria siempre me produce un sabor dulce en la boca pues, desde sus primeras versiones, he vivido en el recinto de Corferias algunas de las experiencias más gratificantes de la vida. Si no hubiera sido por un remate de Feria, nunca hubiera tenido yo la oportunidad de asistir a un improvisado concierto a cuatro manos de Frank Fernández con Teresita Gómez, en el apartamento de ésta última en el centro de Bogotá.

Los libros son el pretexto para que cada año entren en contacto innumerable cantidad de individuos, culturas y organizaciones de procedencias muy diversas que encuentran un espacio para el intercambio, la discusión, los negocios, el conocimiento, la distracción y hasta la rumba. También puede ser la disculpa perfecta para reencontrarse con las personas a las que uno menos ve, o para pasar un rato con los ‘amigos’ que uno sólo se encuentra en la Feria. Como aquel señor que año tras año iba al pabellón de los caricaturistas con el único propósito de renovar, sagradamente, su burlón retrato.

Como en todo evento cultural, académico o de esparcimiento, el toque de la Feria lo pone la gente. No necesariamente de los premios Nobel que puedan asistir, ni los Coelhos que en maratónicas sesiones se dedican a repartir autógrafos a diestra y siniestra.

Además, la ventaja de la Feria es que no hay que ir sólo a comprar libros. También se puede ir a curiosear, a buscar música, a escuchar conferencias o a caminar en medio de una multitud que, con intereses distintos de los de uno, respira ese aire único que la Feria emana.

Sin embargo, ese aire de nostalgia de los días de Feria que me hace recordar todas las cosas que me ha dejado la lectura (de libros, periódicos, revistas, pantallazos de Internet, etcétera), también me pone a meditar acerca de todo lo que no he leído. ¿Habrá leido alguien todos los libros que quisiera? Difícilmente debe haber una persona que pueda responder afirmativamente esta inquietud.

Y las razones para que eso sea así son muy diversas. Hay personas que no leen porque no quieren, porque no les nace; la lectura es un hábito que se cultiva desde la infancia y que los adultos encuentran difícil de adoptar. Existen también aquellos que disfrazan su falta de interés con la falta de tiempo. Ellos se lo pierden.

Sin embargo, hay gente que no lee porque realmente no puede, porque los libros son costosos, porque no tienen acceso a la educación, porque no saben cómo se pronuncia la ‘m’, con la ‘a’. Ellos deberían ser una prioridad para el Estado.

¿Qué tal que, cada año —y con respaldo oficial—, la Feria del libro se descentralizara y se hicieran miniferias en las distintas localidades de la ciudad, al estilo del Festival de teatro? Sería un primer paso para que en todos los barrios la gente pudiera cumplir siquiera una cita anual con los libros.

6 comentarios:

  1. Creo que el párrafo final es lo más sensato que he leído de ti, ¿por qué no inicias una campaña para que así sea?

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  2. My buena idea... algo asi como libro al parque...

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  3. Muy buena idea, Amigo Vladdo. Aquí se ha intentado con los biblioparques y con algunas bibliotecas en estaciones de Transmilenio. Otro ejemplo es el del biblioburro. A uno le puede parecer circense o macondiano, pero para muchos es la única opción de tener acceso a un libro. Mire estas fotos:

    http://elbiblioburro.blogspot.com/
    http://biblioburro.blogspot.com/

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  4. Me parece muy buena la consideración final del artículo. Lo más preocupante es que ya hay programas que cumplen esta función (e.g., Paraderos Para Parques Para Libros) y a pesar de ello hay muchas personas que no acceden a ellos. Hacen falta nuevos programas, y también hace falta educación básica porque "la lectura es un hábito que se cultiva desde la infancia y que los adultos encuentran difícil de aceptar." =D

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  5. Ojalá se hicieran también ferias semejantes en otras ciudades y regiones

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  6. Me alboroto la nostalgia. La feria del libro de Bogota es uno de los recuerdos mas bonitos que tengo de mi pais y siempre la tome como una aventura de la cual no sabia su final, con esos grandes espacios, la cantidad de libros y tanta gente desbordando buena energia. DISFRUTENLA!

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