jueves, diciembre 16, 2010

El 26-F

Desde que tengo memoria periodística he visto cómo por esta época los medios se deleitan con la escogencia de los hechos más relevantes del año y la enumeración de los protagonistas de las noticias de los últimos doce meses, escogencia que se me hacía mucho más emocionante cuando yo era un simple lector y que ha venido perdiendo paulatinamente su magia desde que empecé a trabajar en medios, hace casi 25 años.

En mi época de muchacho y de adulto joven, recuerdo que esperaba con mucha emoción esas ediciones especiales de resumen donde, por supuesto, el mayor atractivo era ‘el personaje del año’. No obstante, con el correr de El Tiempo (y de los demás periódicos, revistas y noticieros) la ansiedad que me producía conocer el nombre de esa destacadísima persona se ha convertido en una cuestión bastante predecible, que raya con el aburrimiento.

Hoy por hoy, uno no se sorprende por la selección de este o aquel fulano como personaje del año, básicamente porque suele ser alguien muy obvio, que en muchas ocasiones es el Presidente de la República. En una época, en la revista Semana –donde trabajo hace dieciséis años– el nombre del mandatario, por razones obvias, se excluía de esa lista de figuras noticiosas.

Como la práctica aún subsiste, tanto en medios nacionales como extranjeros, yo me atreví a escoger mi protagonista del año: el fallo del 26 de febrero de la Corte Constitucional, que cortó de tajo las ambiciones cuasi dictatoriales de Álvaro Uribe Vélez.

Gracias al 26-F el país regresó a la senda de la institucionalidad de la cual el ex mandatario lo había apartado más y más en sus ocho años de gobierno; gracias al 26-F se tuvo que ir Uribe, muy en contra de su voluntad; gracias al 26-F surgió la Ola Verde, que, así se haya diluido en forma prematura, oxigenó significativamente el clima político del país; gracias al 26-F, los partidos tradicionales sufrieron un gran revés electoral y sus dirigentes recibieron el campanazo de alerta más fuerte de su historia.

Gracias al 26-F, el panorama político se abrió de par en par, lo cual allanó el camino para una intensa campaña presidencial que culminó con la elección de un presidente que ha sorprendido positivamente a tirios y troyanos, por la distancia que ha sabido marcar con el anterior inquilino de la Casa de Nariño. Gracias al 26-F, Juan Manuel Santos, a diferencia de su predecesor, terminó convertido en un dirigente moderno, dialogante, abierto, liberal y conciliador. Gracias al 26-F, en fin, el país empezó a respirar un aire fresco de renovación que no teníamos hacía mucho tiempo.

Punto aparte. Por fortuna, y al margen de los figurines del año, el periódico El Espectador, nos sigue premiando con el repaso anual del maestro Osuna, quien con sus agudos ‘Rasgos y Rasguños’ hace del último ejemplar del año un número de obligada lectura, que no pocos coleccionan.

1 comentario:

  1. vladdo, la ola verde no se a diluido, sigue viva, sigue viva en mi razón, en mi trabajo y en el de miles de Antioqueños, o en mi caso de orientales, que trabajamos día a día para que crezca y se convierta en opción real de poder, los medios tratan de amilanarnos, de empequeñecer lo construido, de acabar un sueño que ya es realidad, pero tenga por seguro que no doblegaran nuestras voluntad colectiva y firme de construir pais por medio de una politica mas limpia y justa..
    jmarink1@gmail.com

    ResponderEliminar