lunes, enero 03, 2011

Pasión animal

A propósito de insultos, retomo una nota que escribí hace algún tiempo, sobre la costumbre de equiparar con animales a quienes obran incorrectamente, lo cual es un irrespeto con la fauna.

Como no todo en la vida debe ser política ni actualidad, decidí recuperar unas reflexiones sobre los nombres de ciertos animales, irracionalmente convertidos en insultos.

Aunque hay parábolas que tienen cierta lógica, como en el caso de las tortugas, para definir a los lentos, creo que hay muchos ejemplos absurdos, como es el caso de las ratas. Es cierto que pueden ser dañinas y que transmiten enfermedades; pero eso no tiene nada que ver con la gente que roba. Así que llamar rata a alguien, para mí no tiene sentido. Nunca he sabido que los gatos o los canguros sean más honrados que las ratas.

Y siguiendo con los roedores, quisiera que alguien me explicara por qué a quienes se escapan sin pagar la cuenta o sin cumplir una promesa los acusan de poner conejo (cuando yo era niño en Armenia se decía ‘hacer’ conejo). ¿Será que los conejos son muy buenos para esconderse? ¿O será porque salen corriendo sin ponerse a paz y salvo? Si es así, deberían decir: ‘poner zorra’, que supongo que es igualmente veloz.

¿Será porque el nombre de la zorra, como el de la perra, estaba reservado para otro tipo de descalificaciones? No de otra manera se explica el símil entre las zorras y aquellas damas que resultan más traviesas de la cuenta. ¿Qué tiene que ver una pobre zorra, o una leal perra, con una mujer que se la juega al tipo con el que anda?

¿Y qué me dicen de los lagartos, tan perseguidos por su piel? Nunca he entendido el paralelo entre esos animalitos y los tipos colados en los cocteles, pues hasta donde tengo información aquellos no toman whisky…

En el mismo hábitat de los lagartos suelen encontrarse los sapos. Y les juro que yo nunca he sabido de ningún batracio que hable mal de los demás, ni que se meta donde no lo llaman, ni que eche al agua a sus semejantes.

Pasando a las profundidades acuáticas, hay un caso también inexplicable. Es el de los bagres. ¿De cuándo acá han convertido el término bagre en sinónimo de fea? Es más: creo que es bastante discutible el hecho de considerar feo a cualquier animal.

Y aunque me he referido a mamíferos, reptiles, batracios y peces, las aves tampoco se salvan de que conviertan impunemente sus nombres en insultos. ¿Por qué a los cobardes les dicen gallinas? ¿Por qué las nobles gallinas tienen que cargar la cruz de la cobardía?

Por supuesto, los insultos avícolas no paran en el corral. Por otra razón incomprensible, a quienes se pasan de astutos, generalmente acudiendo a la trampa, los llaman águilas y a los promotores de la guerra, les dicen halcones. Por su parte, los impávidos gallinazos ni se imaginan que con su nombre se define a los que andan detrás de cuanta mujer pueden, cosa también absurda, pues nunca he encontrado el parecido de los chulos con los tipos mujeriegos.

En fin, hay tantos casos que el espacio resultaría insuficiente, pero quise citar unos pocos ejemplos a manera de protesta, así a algunos les parezca que digo todo esto porque soy un burro.

4 comentarios:

  1. Por estos artículos es que me encantas!!!
    Totalmente en sintonía contigo :)

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  2. Muy acertado el artículo,a muchas/os no les interesa en lo más mínimo el manejo del lenguaje y la significación que le vamos dando, como en este caso que se insultan animales que por su misma naturaleza nada tienen que ver con las actitudes dañinas y mezquinas humanas.

    Incluso me atrevo a hilar más fino, y afirmar que éste uso del lenguaje puede ser la cuota inicial del maltrato hacia aquellas criaturas.

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  3. me gusta tu articulo, te falto el caso de los cuervos y del Condor tan poco valorizado en estos dias por cuenta de los 'idiotas' que creeen que porque este es un carroñero sirve como sinonimo del asqueroso gobierno que tenemos en este país

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