jueves, diciembre 29, 2011

Pronósticos para 2011

Con el fin de ver qué tan acertadas resultaron, me di a la tarea de revisar las predicciones que hace un año hacían los astrólogos para 2011 y, a juzgar por la suerte que corrieron ciertos personajes públicos en meses recientes, el balance es bastante curioso. (Por razones de espacio, me enfoqué sobre todo en el aspecto laboral).

Por ejemplo, para el signo Acuario, el pronóstico decía: “Los cambios que se presenten no serán ni buenos ni malos; dependerán de cómo tomes las cosas y cómo te adaptes a las diferentes etapas que se presenten en la vida. Tanto si tenías o no trabajo, la vida profesional dará un gran avance y podrás mejorar tu condición económica; no obstante debes tener en cuenta que las cosas demorarán y tienes que tener paciencia. Este 2011 en el trabajo los cambios no son menores, siempre buscarás las mejoras económicas pero esto no siempre te llevará a ganar dinero, debes aprender a ganar y perder, así que ya sabes: si corres el riesgo, aprende a vivir con él”. A este signo pertenecen: Samuel Moreno Rojas, Piedad Córdoba, Hernán Darío, ‘el Bolillo’, Gómez y Luis Carlos Restrepo.

Por los terrenos de Tauro, el horóscopo vaticinaba: “Es posible que en 2011 algunos Tauro tengan que superar algún obstáculo no esperado pero si están preparados y dispuestos a no desanimarse, podrán hacerlo. […] En el terreno profesional, 2011 presenta una mezcla de oportunidades e incertidumbre. Posibilidad de algún enfrentamiento por envidias o ambiciones de un compañero de trabajo que pondrá a prueba su capacidad de resolución”. De este signo es el exministro Andrés Felipe Arias.

Dentro de un año repasamos
las premoniciones para 2012.

Para Cáncer, las cábalas advertían: “Este 2011 Cáncer deberá moderarse porque el dinero ya no entrará como antes. […] En general Cáncer deberá tomar decisiones rápidas porque este año se caracterizará por una serie de cambios drásticos en su vida. En la salud, a diferencia del año pasado, será mucho mejor y se sentirá más vitalizado. El único problema grave de salud que vemos este año es con respecto a la dentadura, es posible que tengas que ir al dentista por tu falta de higiene bucal o por algún descuido”. De Cáncer era el comandante de las FARC, Guillermo León Sáenz, alias ‘Alfonso Cano’.

Más adelante, el presagio de Cáncer agregaba: “Tendrás más problemas mentales que de salud física, pasarás por una etapa de mucho estrés y depresión, causada por problemas económicos. Esto es mejor que lo trates de inmediato para que salgas rápido de este estado y puedas volver con tu vida”. Curiosamente, otro que nació bajo el mismo signo es el expresidente Álvaro Uribe.

Tras este ejercicio, concluí que las premoniciones astrales son como los pronósticos del clima: “Se espera tiempo seco, a menos que llueva”.

viernes, diciembre 16, 2011

Una luz que no cesa

Caricatura conmemorativa, publicada en El Siglo, el 17 de diciembre de 1987.
El 17 de diciembre de 1986 fue asesinado a la salida de su periódico don Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador.
Desde entonces, han pasado muchos años, muchos fiscales, muchos informes periodísticos, muchas marchas de protesta, muchos premios en su nombre, muchas investigaciones exhaustivas y muchas rasgadas de vestiduras, pero lo cierto es que, 25 años después, ese caso sigue en la más completa impunidad.
Y [casi] nadie se indigna.


miércoles, diciembre 14, 2011

La igualdad ficticia

Dejémonos de rodeos y de discusiones hipócritas: aunque pocos lo admiten y muchos hablen de una igualdad que no existe, Colombia es un país racista, clasista y excluyente. La ofensivamente célebre foto de unas señoras encopetadas de Cali, aparecida en una revista de farándula española, en la que exhibían a sus empleadas negras como trofeos o adornos, no es el problema sino un pálido reflejo de lo que muchos colombianos viven, padecen o practican, según el extremo del espectro social en que se encuentren.

Aquí se discrimina a los negros, a los indígenas, a los gays, a las lesbianas, a los transgeneristas. Y no sólo a ellos: también son víctimas de señalamientos los pobres, los que tienen limitaciones físicas, las personas con problemas de estatura, los de izquierda, los ateos y los extranjeros que vienen de países supuestamente menos ‘educados’ o más atrasados que el nuestro. Así somos, pero no lo admitimos; nos negamos a aceptar dicho comportamiento y decimos ser una sociedad abierta, así a la vez hablemos de ‘gente bien’, trazando una odiosa frontera entre esas personas y el ‘populacho’.

Desde luego, esa proclividad a la discriminación en sus diversas formas no es una conducta abierta ni se manifiesta de frente. Muchas veces se adopta en forma sutil y se incorpora al lenguaje como algo natural. No me cansaré de parar en seco a quienes usan el término ‘indio’ para referirse a las personas maleducadas o a las de estratos bajos. Me hierve la sangre cada vez que oigo esa expresión convertida en insulto por algunos que se creen de mejor condición que los demás, o por otros que simplemente han oído hablar así a sus padres o a sus superiores, y repiten el vocablo sin pensar en las implicaciones de su significado ni en la carga desobligante que la palabra conlleva.

Muchos hablan de una igualdad que no existe;
Colombia es un país racista, clasista y excluyente.

Lo más triste es que en no pocos casos las autoridades encargadas de velar por el cumplimiento de las normas contra la discriminación estipuladas en la Constitución Nacional son las mismas que se valen de cualquier pretexto para ahondar el problema en vez de erradicarlo. A la Procuraduría, por ejemplo, no le importan los hipotéticos errores de trámite en la adopción de un niño por parte de un homosexual, ni las consecuencias; no. Lo que le molesta sobremanera al Predicador General de la Nación es que el adoptante sea abiertamente gay.

Y como ese hay muchos más ejemplos en los cuales el discriminador (ya sea un funcionario, una empresaria o un ciudadano de a pie) aduce razones ficticias para justificar cualquier forma de segregación. Gracias a esa lógica oímos decir que los negros son perezosos y que los pobres viven así por gusto.

Por eso no sorprende que, después de Haití, Colombia sea el país más inequitativo de América. El problema no es sólo de plata.

viernes, diciembre 09, 2011

Observaciones humanitarias

Luego de tres años de trabajo en el país, termina su misión Christian Salazar, representante en Colombia de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien asumió su cargo en 2008, luego de una difícil etapa de transición, ocasionada por las fricciones de esa oficina con el gobierno de Álvaro Uribe.

En este tiempo, Salazar supo ganarse el respeto y la confianza no sólo de las organizaciones dedicadas a la defensa y promoción de los derechos humanos, sino también de autoridades civiles y militares, que aprecian su independencia y objetividad y, sobre todo, su integridad. Siempre, en cada uno de sus pronunciamientos sobre los delicados temas de su resorte, Salazar hizo una exhibición de conocimiento y equilibrio, que le daban entera solidez a sus declaraciones y que corroboraban la seriedad de su trabajo.

Al despedirse oficialmente del país, Salazar hace una serie de observaciones, que vale la pena tener en cuenta, sobre la misión que le encomendaron y sobre lo que vio directamente en sus juiciosas labores de campo adelantadas en Colombia.

En primer lugar advierte que con el gobierno de Juan Manuel Santos se ha producido una evolución muy favorable en el manejo de los asuntos de derechos humanos, luego de las complicadas circunstancias vividas en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, cuando incluso se llegó a contemplar el cierre de actividades de esa representación en Colombia. En tal sentido, Salazar valora la importancia de la Ley de Víctimas, que aunque está lejos de ser perfecta, es una herramienta muy valiosa en el proceso de resarcir a quienes han sufrido toda clase de vejámenes y despojos a manos de grupos armados. Simultáneamente, alerta sobre los peligros que acechan a dicha ley y nos pide a todos estar muy vigilantes para evitar que se salgan con la suya los enemigos de que su implementación se lleve a cabo.

Christian Salazar adelantó su
trabajo con discreción y firmeza.

Por otra parte, Salazar se muestra conmocionado por la eventual reforma del fuero militar, que permitiría que los delitos relacionados con la violación de derechos humanos cometidos por la fuerza pública pasen a ser competencia de la justicia penal militar, ya que dicha reforma no sólo sería un retroceso histórico, sino que conllevaría un alto riesgo de impunidad en la sanción de tales conductas. Estas observaciones no son de poca monta, si se tiene en cuenta que provienen de alguien que conoce a fondo la delicada situación humanitaria que se vive en Colombia y que, conocedor de la trascendencia de sus conceptos, mide cada palabra que dice.

Es de esperar que el gobierno, que se ha mostrado tan abierto en estos asuntos, no eche en saco roto las observaciones de alguien como Christian Salazar que, sin duda alguna, sabe de lo que habla y que adelantó su trabajo con mucha firmeza pero también con toda discreción.

domingo, diciembre 04, 2011

La muerte de Sócrates, la estrella de Brasil


Al enterarme de la muerte de Sócrates, el inoldiable mediocampista brasileño, recordé este texto, escrito en su honor por el gran Jairo Aníbal Niño.

Llegó al aula un 15 de mayo –día de lluvia-. Llegó y
nos miró a todos dulcemente. Soy la nueva profesora
de filosofía, nos dijo. Sonrió y entonces fue como
si las gotas de lluvia que sobrevivían sobre su
impermeable amarillo se hubieran convertido en
pensamientos.
A todos nos pareció que era muy joven para ser
profesora –y demasiado, para ser profesora de
filosofía-. Empecé a pensar en ella por las tardes
justo en el momento en que en la radio acababa un
programa de deportes y empezaba otro de
canciones.
De manera sorpresiva ella estuvo presente en el
partido final del intercolegial de fútbol. En esa
ocasión estuve inspirado en el medio campo e hice
uno de los goles que nos dieron el triunfo.
Ella nos entregó la copa de campeones. Jamás
olvidaré a mi profesora de filosofía. El día del examen
final, al presentarle mi trabajo, me dijo que me
parecía a Sócrates. Me llené de orgullo y creo que
los ojos se me llenaron de lágrimas. Caminé hacia
mi pupitre como si lo hiciera por el aire, en palomita.
Era el mejor elogio que había recibido en mi vida.
Yo, parecido a Sócrates, el gran jugador de
fútbol del Corintias, Sócrates B. S. de Souza Vieira
de Oliveira, el inolvidable mediocampista de la
Selección Brasil.

miércoles, noviembre 23, 2011

25 Años en Obra

La próxima semana se lanza en Bogotá 25 Años en Obra (Ed. Aguilar), libro en el que se publican 25 muestras de las distintas áreas del periodismo en las cuales me he movido desde 1986. La selección incluye tanto caricaturas como artículos de opinión, ilustraciones, tweets, páginas de Un Pasquín y, desde, luego, viñetas de Aleida. También hay un capítulo de material hasta ahora inédito, con una serie de desnudos que he dibujado desde 2005. Los siguientes son apartes de la introducción a la sección donde aparecen estos dibujos.

Cuando a mediados de la década pasada yo les contaba a mis amigas que quería hacer unos dibujos para una serie de desnudos que pensaba publicar o exhibir algún día, ellas ponían cara de escepticismo. Y cuando les pedía que posaran para mí sus gestos sufrían una transformación que iba desde la risa tímida hasta el nerviosismo, la incomodidad y el desconcierto.

Este proyecto se me convirtió en un reto muy exigente por dos razones. Por una parte, se trata de mostrar una faceta desconocida de mi trabajo y a la vez romper el mito de que los caricaturistas sólo hacemos dibujitos burlones. Aunque el maestro Héctor Osuna es un gran pintor, en especial de retratos, la mayoría de los caricaturistas no nos distinguimos propiamente por ser artistas ‘serios’ y nos encontramos en un limbo entre los periodistas y los artistas.

El otro desafío tiene que ver con el ingrediente novedoso que uno pueda aportar al dibujar desnudos. Después de ver que Luis Caballero dibujaba como nadie la figura masculina, y de contemplar la perfección de la anatomía de la mujer en las obras de Darío Morales, es casi una herejía tratar de emularlos.

En este libro me presento
sin ropajes ante los lectores.

Por eso opté por una solución intermedia, que me permitiera combinar el dibujo que siempre he hecho con otras técnicas del arte tradicional, y las pequeñas dimensiones del block de dibujo con los grandes formatos de obras de museo. El resultado son 25 bocetos, de los cuales se amplía un detalle para convertirlo en un grabado de respetables proporciones que a primera vista parece un cuadro abstracto.

Este experimento visual, que en principio no tiene que ver con la caricatura está en la misma línea, pues es un testimonio de lo que ven mis ojos. Estos trazos son mi interpretación de los cuerpos de esas amigas que generosamente aceptaron mi propuesta indecente, y fueron elaborados con la adrenalina producida por el pudor de ellas y el nerviosismo mío; con una intensidad que nunca se podría haber logrado si los hubiera hecho a partir de fotos de una desconocida o en presencia de una modelo profesional, acostumbrada a que le escudriñen la piel con los ojos.

Y así como ellas se expusieron ante mí, en este libro me presento yo sin ropajes ante los lectores. El turno del sonrojo es para mí.

jueves, noviembre 17, 2011

Es sólo un partido

El pasado martes, poco después del mediodía, llegué a Barranquilla haciendo parte de un grupo de periodistas invitados por Bavaria con ocasión del partido Colombia–Argentina. Ese trayecto del aeropuerto al área metropolitana de la ciudad, a lo largo de barrios muy humildes, siempre me pone a pensar en los grandes contrastes sociales de este país. El solo hecho de pensar que voy a llegar a un hotel cómodo, con todos los servicios, donde no me va a faltar nada y donde no tendré que pagar un peso, me hace recordar no sólo que en este país hay millones de personas que nunca en la vida han tenido, ni tendrán, esta misma posibilidad, sino que me devuelven a momentos de mi infancia en Armenia, cuando yo tampoco la tenía, y un viaje en avión era una utopía y una noche en un hotel era algo que ni siquiera alcanzaba a imaginar en sueños. Cada vez que paso por esos barrios populares (tan similares a muchos otros paisajes urbanos y deprimidos de otras zonas del país) la película se me devuelve y por momentos siento un sacudón como una advertencia, como un pellizco, contra el olvido.

La entrada a nuestro hotel fue un poco problemática, pues ahí también se hospedaba la selección de Argentina, pero tras unos minutos lo logramos. Después de un rato en el lobby, pasó ante nosotros el equipo gaucho, donde sobresalía la menuda figura de Lionel Messi, quien caminaba muy tranquilo entre sus compañeros. Al verlo cruzar me pregunté qué cosas estarían pasando por su cabeza. Todos queríamos tomar foto de los astros, sobre todo del ídolo del Barça; yo disparé varias veces mi iPhone y en una de ellas logré la imagen nítida de quien minutos más tarde habría de ser nuestro verdugo.

Poco después de los argentinos salimos nosotros también hacia el estadio Metropolitano, rodeado por un hormiguero de personas dedicadas al rebusque con la venta de emblemas nacionales y prendas deportivas chiviadas y artesanales, comestibles y bebidas frías, mientras otros se ofrecían a cuidar carros en improvisados parqueaderos. Al avanzar en medio del tumulto de buses, carros, motos y peatones, me daba curiosidad saber cuántos de esos vendedores que trabajan junto al estadio quisieran entrar a ver a la Selección y nunca han podido hacerlo.

Finalmente nos llevaron a un palco, pasó lo que pasó y, llenos de frustración por el pobre espectáculo de la Selección Colombia, salimos hablando de uno y otro jugador y del entrenador. Para algunos, incluso, la cosa tenía visos de tragedia. Sin embargo, en la camioneta que nos llevaba de regreso al hotel, pensando en todos aquellos que de verdad tienen problemas reales en la vida, o en esos que nunca tendrán con qué comprar una entrada a un partido de eliminatoria, me repetía: “Es sólo un partido”.

miércoles, noviembre 09, 2011

Un país ‘encanado’

Sin duda muerte del jefe máximo de las Farc, Guillermo León Sáenz, más conocido como ‘Alfonso Cano’, a manos del Ejército tiene muchas implicaciones. Su doctrina de guerra y sus órdenes de acción le hicieron un daño infinito a Colombia, que además de soportar todos los flagelos de un país tercermundista, ha tenido que aguantar también el desangre de muchos de sus habitantes (militares, civiles, combatientes, pacifistas, industriales, campesinos, mayores y menores de edad) por cuenta de la acción armada y desalmada de tantos grupos violentos.

No me alegra ninguna muerte, pero tampoco voy a echar de menos al señor ‘Cano’. No obstante, me ha causado sorpresa y algo de tristeza ver cómo muchos que se autodefinen como piadosos cristianos se han frotado las manos y parecen darle gracias a Dios, no sólo por el deceso del líder de las FARC, sino por la forma violenta como se produjo su muerte. Al cuestionarles tal actitud muchos de ellos han expresado deseos de retaliación y de escarnio, alegando la conocida crueldad de ese grupo guerrillero contra sus víctimas. Ha sido prácticamente inútil tratar de hacerles caer en cuenta de que quienes estamos en la ‘civilidad’ no podemos albergar tales sentimientos de venganza, so riesgo de quedar en el mismo nivel de quienes tanto criticamos.

¡Qué lejos estamos de ser una
sociedad mínimamente desarrollada!

También he sido virtualmente apaleado por pedir un mínimo respeto con el cadáver de ‘Cano’, que ha sido exhibido con los ojos abiertos como botín de guerra, como si se tratase de un cuaderno o de uno de los ya célebres computadores que la tropa suele recuperar en este tipo de operaciones. Tanta sevicia, tanta virulencia, me han puesto a reflexionar sobre lo lejos que estamos de ser una sociedad mínimamente desarrollada. Desde luego que no tolero ninguno de los métodos que las FARC usa para atacar a la sociedad (pues hace tiempo que dejó de atacar sólo blancos militares), pero tampoco creo que este tipo de reacciones sean consecuentes con una sociedad donde el cristianismo impera. Hasta donde recuerdo, tales actitudes contradicen por completo los postulados de caridad, indulgencia y misericordia proclamados en las iglesias.

Por otra parte, fastidia también ver lo ‘encanados’ que siguen los medios, dando morbosas vueltas alrededor del tema del guerrillero muerto, sin aportar mayores datos ni información relevante. Y casi tan chocante como el enfoque monotemático de las emisoras y los canales de televisión en estos días, me resulta la insistencia de quienes dicen que la muerte de ‘Cano’ reduce las posibilidades de llegar a una salida negociada al conflicto o de liberar secuestrados. ¡Por favor! ‘Cano’ tuvo décadas para hablar seriamente de paz y nunca lo hizo, y pudo dar la orden de acabar con el suplicio de los rehenes en su poder, ¡y también se negó a hacerlo! Que no nos vengan ahora con semejantes historias.

domingo, octubre 30, 2011

Petro, un voto por la reconciliación

El periódico El Espectador me solicitó que explicara en 500 palabras por qué voy a votar por Gustacvo Petro. Este es el resultado de esa reflexión, que aparece publicado en la edición de este domingo, 30 de octubre de 2011. 
En un país azotado por los violentos, donde supuestamente se aboga por una salida pacífica al conflicto, con desmovilización de los combatientes y entrega de las armas como condiciones para la reconciliación, nos encontramos con que alguien como Gustavo Petro es una amenaza pública; precisamente porque fue guerrillero. Por lo tanto hay que condenarlo al ostracismo y al silencio y, si es posible, a la miseria, porque alguien como ‘ese’ no tiene derecho a vivir digna ni cómodamente, sino como un reinsertado, manejando —si acaso— un taxi subsidiado, pa’ que no joda la vida.

Si hace 20 años Álvaro Gómez hizo las paces con el M-19, ¿por qué otros insisten hoy en estigmatizar a los exintegrantes de ese grupo, en un gesto mezquino que nada aporta a la cohesión de nuestra sociedad? Esa discriminación es el mayor escollo al que se tienen que enfrentar dirigentes como Petro y otros antiguos insurgentes que le han apostado a la paz.

Petro está lejos de ser un candidato perfecto —¿alguno lo es?—, pero tuvo coraje para desligarse de los actores armados y ha mostrado vehemencia para defender sus convicciones, entereza para denunciar a los corruptos, inteligencia para evadir discusiones estériles y seriedad para trabajar sin sectarismo junto a dirigentes de otros lados del espectro político, actitud desconcertante para algunos seguidores y que sus excopartidarios más radicales han aprovechado para tildarlo de traidor. Cada vez es más evidente que la política no se puede hacer a punta de dogmas y así lo entiende el candidato de Progresistas.

Petro reconoce discrepancias con el procurador, sobre todo en políticas de género, derechos de la población LGBT y aborto. Pero aclara que confió en Alejandro Ordóñez cuando éste le aseguró que iba a apoyar a la Corte Suprema de Justicia y a la Fiscalía en los procesos de parapolítica y corrupción, y que las decisiones del jefe del Ministerio Público en casos como AIS, así lo han corroborado.

Afirma que no tolerará el menor amago de corrupción y que trabajará con la Policía Nacional y las demás autoridades para que la seguridad se fortalezca a favor del ciudadano y no del Estado, como ocurría con la seguridad democrática. Tiene una ambiciosa política incluyente, para erradicar la segregación por razones de raza, género, discapacidad, edad, etcétera.

Es evidente que Petro carece de experiencia administrativa, pero en el manejo de una ciudad lo clave es el liderazgo, y Petro lo tiene de sobra. ¿Qué ganó Colombia en dos gobiernos en los cuales el gran administrador que había, manejaba el país como una finca?

En resumen, voto por Petro porque creo que su triunfo no sólo contribuye al progreso de Bogotá, sino que es un aporte muy significativo a esa reconciliación real que tanta falta le hace a nuestra sociedad.

jueves, octubre 27, 2011

El poder no llega solo

La lucha por el poder es el motor de muchos talentos y el promotor de no pocas de las desgracias que padece la humanidad. El poder es el fin supremo de la política, el designio más alto al que aspiran tantos hombres y no pocas mujeres.

En una obsesión que suele carcomerlos toda la vida, los políticos aspiran a obtener el poder con la supuesta intención de resolver los problemas de ‘la humanidad entera que entre cadenas gime’. Sin embargo, una vez instalados en alguna de sus cumbres (llámese presidencia, alcaldía, gobernación, etcétera), nos salen con el cuento de que el ostentar tal nivel de poder no es suficiente. Por eso, ante el primer tropiezo, cada gobernante –nacional, regional o local– se escuda en la tesis de que encontró todo descuadernado, que la situación resultó peor y que la crisis es más profunda de lo que le habían dicho.

Sólo en ese momento, cuando los acosan las dificultades, los dirigentes políticos salen a decir que, pese a todo el poder que manejan, no pueden hacer nada y olvidan que cuando estaban de candidatos prometían hacer de todo. Llegan incluso a lamentarse con pose lastimera de la soledad del poder, como esperando la solidaridad y la comprensión de sus electores.

Sin embargo, a sabiendas de todo lo anterior, conscientes de que el poder no lo es todo y de que la política es tan desagradecida, ¿por qué tantas personas lo persiguen tan afanosamente? Semejante contradicción sólo se explica al repasar las razones supuestas y las razones reales que las llevan a buscar el poder, para diferenciar la retórica de la práctica.

Muchos políticos se creen
los enviados del cielo.

Al disfrazar sus reales ambiciones, los hambrientos de poder aducen curiosas razones que van desde la vocación de servicio hasta la recuperación de los valores, pasando por el sacrificio personal o el rescate de las instituciones. Pero todos sabemos que esos pretextos, esas respuestas de cajón, ocultan el verdadero incentivo de quienes van tras el poder, y que se reflejan en un inmenso deseo de reconocimiento público y social, en los beneficios asociados al ejercicio de un alto cargo, en una infinita megalomanía y, sobre todo, en ese complejo mesiánico que les hace suponer que ellos han sido enviados del cielo a salvar a sus semejantes.

Quienes resulten elegidos este domingo tienen que entender que con esa cuota de poder adquieren también el compromiso de cumplir cabalmente con su deber, aunque eso no implique necesariamente el pago estricto de todas sus promesas electorales; al fin y al cabo una cosa es hacer campaña y otra gobernar. Y como humanos que son, tienen derecho a equivocarse, pero no a obrar de mala fe; pues, como decía el ex presidente Darío Echandía, en política se puede meter la pata, pero no la mano.

jueves, octubre 20, 2011

La hora de la ‘planeacción’

Después de un año de la tragedia invernal que devastó inmensas zonas del país, lo que muchos nos temíamos pasó: que antes de que el gobierno hiciera algo por resolver los estragos del invierno pasado nos iba a caer el siguiente, con los consabidos perjuicios que ya se están empezando a apreciar.

Hace un año el propio presidente señaló que ese invierno era una catástrofe de proporciones inesperadas y que iba a poner todo su empeño en la mitigación de sus consecuencias. Sin embargo, pese a toda la parafernalia, el designio de un insigne banquero para que gerenciara la operación de salvamento, los cacareados oficios de la Primera Dama y los rimbombantes anuncios como respuesta a las inclemencias del tiempo, lo cierto es que la tarea del gobierno en esta materia deja un balance preocupante.

Yo era de los que creían que siendo Juan Manuel Santos un hombre muy capacitado en temas gerenciales y dada su conocida obsesión por mostrar resultados, él y sus colaboradores iban a realizar acciones más efectivas contra los desastres ocasionados por el invierno; pero eso no sucedió. De hecho, buena parte de las ayudas fue desviada o usurpada con fines políticos y toneladas de alimentos y medicinas terminaron pudriéndose en bodegas mientras los damnificados clamaban por algún tipo de asistencia que jamás llegó.

Ahora toca multiplicar esfuerzos para atender a la vez los frentes de emergencia que dejó la crisis del año pasado y los nuevos retos que ya se ven con el invierno actual, que apenas comienza.

Parece que el Presidente se hubiera
posesionado ayer y no hace 14 meses.

En este campo, da la impresión de que el Presidente se hubiera posesionado ayer y no hace 14 meses. La hora de planear ya tenía que haber pasado y el gobierno en pleno debería estar de cabeza actuando en todos esos frentes; pero parece que todos allá arriba estuvieran todavía dedicados a hacer estudios y trazar estrategias. Eso tenía validez hace 12 meses, cuando la nueva administración fue sorprendida por la catástrofe, pero ya ha pasado mucha agua no bajo el puente sino por encima de nuestras cabezas.

No se trata de caer en la improvisación ni de recurrir a las acciones desesperadas, pero tampoco se pueden quedar los altos responsables del manejo del Estado haciendo estudios y recitando teorías, mientras el agua arrasa con todo, sobre todo en las zonas más necesitadas del país.

En efecto, un gobierno serio y responsable debe planear antes de actuar; sin embargo hay situaciones que exigen acciones inmediatas y efectivas. Señor Presidente, el invierno no da espera, usted no se puede quedar en los discursos y la solidaridad de los micrófonoso Twitter; usted sabe que eventos extraordinarios exigen acciones extraordinarias. Reaccione. Usted tiene que planear y actuar, la cosa es diciendo y haciendo; es hora de pasar a la ‘planeacción’.

viernes, octubre 07, 2011

“Todo el edificio es suyo, don Julio Mario”

En el lanzamiento del rediseño de la revista Cromos, en 1998, ocurrió la siguiente anécdota, que comparto con los lectores de Havladdorías:
• Rediseño de Cromos, a cargo del estudio
Vladdo Danilo Black (1998).
La presentación del nuevo diseño de Cromos se llevó a cabo en el edificio de esa revista, a sólo dos cuadras de Semana. Como es costumbre, al acto asistieron numerosos invitados de los medios, la farándula y la política.

Esa noche conocí a Julio Mario Santo Domingo, a quien le explicaron que yo había sido el asesor del rediseño, y conversamos durante unos minutos. El empresario, quien estaba en compañía de algunos periodistas y varios ejecutivos de su organización, no dijo mayor cosa sobre la nueva imagen de la revista, pero hizo algún comentario amable sobre mis caricaturas en su periódico, El Espectador [en el cual yo estuve algunos meses, en 1998]. Luego cambió de tema.

—¿Dónde estamos? —preguntó, refiriéndose a la ubicación del edificio.

—En la carrera 14 con calle 93 —le respondió comedidamente alguno de sus subalternos.

—Mmm… ¿Y todo este edificio es de Cromos?

—Sí, señor —le volvió a contestar.

—Mejor dicho, todo el edificio es suyo, don Julio Mario —le dije yo, como para ponerle algo de color a la charla.

Al oír semejante impertinencia, los presentes se quedaron inmóviles por unos instantes y me miraban con cara de reproche, esperando la reacción del jefe, pero cuando él sonrió los demás lo secundaron, con una amabilidad bastante artificial. 

[Extracto tomado del libro Una semana de quince años; Editorial Aguilar, 2009]

miércoles, octubre 05, 2011

Confianza, 0%

En época electoral, con su influencia y la tendencia del elector a apoyar a los que puntean en los sondeos, las encuestas se convierten en un factor determinante en la decisión de voto; y aunque esta situación no es exclusiva de Colombia, la falta de formación política de los votantes y la inexistente disciplina partidista hace que muchos electores sean más volubles y, por qué no, manipulables.

Pero la influencia de las encuestas sería casi nula sin divulgación, y es ahí donde entra a jugar un papel preponderante la prensa, ya que de la forma como presente los resultados de cada firma, depende que el público se anime a votar por determinado personaje, o lleve a algún candidato a desistir de sus intenciones de hacerse elegir.

Esta semana se presentó un caso muy diciente con El Tiempo, periódico que pecó por punta y punta, gracias a su forma tan particular de informar. El domingo titularon casi a todo lo ancho de la primera página: “Peñalosa, 20,9%; Petro, 16,4%” y en un subtítulo subrayaban que según la firma Datexco (contratada por ese periódico) el ex alcalde llevaba una ventaja de 4,5 puntos. El problema es que esa encuesta ya era vieja, porque 36 horas antes se había sellado la alianza Mockus–Parody, que cambió por completo el panorama electoral en la capital y le quitaba validez a cualquier estudio que incluyera a Antanas como candidato. Así y todo, El Tiempo la publicó como si nada, con una aclaración en página interior, que decía: “el sondeo no recoge efectos de la alianza Parody–Mockus”. Un medio serio no puede hacer una cosa de esas, porque sería igual que si en el supermercado le venden a uno un tarro de carne vieja, con una advertencia en el fondo de la lata que dijera: “esta carne no es fresca; consúmase bajo su propio riesgo”.

La influencia de las encuestas sería
casi nula sin la divulgación de los medios.

Sin embargo, ahí no paró la cosa. Dos días más tarde, el mismo periódico publicó el resultado de otra encuesta (esta vez del Centro Nacional de Consultoría; contratada por el noticiero CM& y con el efecto Mockus–Parody incluido) en la que aparecía Petro con una ventaja de 9 puntos sobre Peñalosa. En este caso, sin embargo, pese a la abismal diferencia, la nota apareció a una columna, en la página 12. Uno de los redactores de la sección política del diario explicaba por Twitter que no se le podía dar igual despliegue a una encuesta propia que a una de otro medio, cosa que no me convence en absoluto.

Independientemente de quién contrate una encuesta, un índice de 9 puntos de diferencia, a favor de quien sea, es una noticia muy importante como para relegarla a un rincón perdido del periódico. A menos, claro, que haya un interés particular en beneficiar a determinado candidato.

Thanks, Mr. Jobs

[Screenshot from www.apple.com]
After 27 years using its products, I can’t imagine my life without Apple. Thanks to Steve Jobs my life is better and I learned to do things with computers in a very simple yet wonderful way. 

R.I.P., Mr. Jobs.

lunes, septiembre 26, 2011

Ser comunista

Apartes de una columna escrita en 2006, cuando el entonces presidente pretendía descalificar a sus críticos tildándolos de comunistas disfrazados.
Si ser comunista es no aceptar el argumento de que los crímenes atroces de los paramilitares son delitos políticos, entonces yo de una vez me acojo a esa doctrina y me declaro comunista.

Si el hecho de reclamarle al presidente que aclare (y asuma) las responsabilidades que le pueden caber por los nexos del DAS con los grupos paramilitares lo convierte a uno en comunista, me le apunto: soy comunista.

Si considerar que el gobierno no debería usar el servicio exterior para devolver favores políticos es una conducta comunista, entonces listo: soy comunista.

Si por reclamar que el denominado proceso de paz con los paras se haga de cara al país y no de espaldas como hasta ahora ha sucedido, uno clasifica en esa nueva definición de comunismo, entonces me declaro comunista.

Si es una consigna comunista el hecho de exigir que la actuación del Estado y de sus fuerzas armadas se ciñan a las normas del Derecho Internacional Humanitario, entonces debo admitir que soy comunista.

Si uno debe ser etiquetado como comunista por el hecho de criticar la forma descarada como el presidente le dio una voltereta a la Constitución para hacerse reelegir, entonces le debo agradecer al doctor Uribe por hacerme caer en cuenta de que soy un comunista.

Si es un grave síntoma de comunismo considerar que la implantación de microchips en el cuerpo de las personas es una idea con tinte fascista, no hay nada que hacer: me volví comunista.

En fin, si por estar en desacuerdo con un gobierno que miente, que manipula la información y que no ha sido tan transparente como lo pregona, uno debe ser señalado como comunista, entonces me complace informarle a ese mismo gobierno que soy comunista. Y sin disfraz.

miércoles, septiembre 21, 2011

Aterrice, Vice

Desde hace ya varios años, pese a la pregonada bonanza económica que supuestamente vivió el país en la era Uribe, Colombia se encuentra entre los países más inequitativos del mundo y es uno de los más desiguales del Continente, superado solamente por Haití. Ya en ocasiones pasadas nos hemos referido a ese tema en este espacio, recordando cómo países como Bolivia, Nicaragua o El Salvador tienen índices de desigualdad menos peores que los nuestros.

Esas vergonzosas cifras han sido el combustible que sirvió para alimentar el descontento que sembró el vicepresidente Angelino Garzón cuando resolvió invitar a los técnicos de la economía a hacer mercado en Corabastos con 190,000 pesos, que supuestamente es la suma que necesitaría cada mes un colombiano para dejar de ser catalogado como pobre.

Sin lugar a dudas esa fue una gran metida de pata (otra) del VP, porque en los asuntos de la economía se manejan unos términos y unas cifras que vistas fuera de contexto dan para muchas discusiones inanes, que en muchos casos pueden volverse peligrosas. Garzón se agarró de un dato calculado por expertos para agitar un discurso demagógico (y quizás electorero) que no sirvió para resolver absolutamente nada y que en cambio despertó una oleada de protestas de personas que, al igual que el alto funcionario, no entienden cómo funcionan las ciencias económicas.

Angelino es bueno como populista
y pésimo como economista.

Grosso modo, vale la pena anotar que los estándares internacionales, particularmente los del Banco Mundial, sitúan en la línea de pobreza a quienes subsisten con menos de 2 dólares al día, cifra que es incluso inferior a los manidos $190,000 gracias a los cuales Angelino quiso erigirse en defensor de los descamisados de este país, en un gesto que tiene más de populismo que de aporte real a la solución del grave problema de inequidad que afecta a nuestra sociedad.

Aunque es innegable que dicha suma no se compadece con las necesidades del grueso de la población más vulnerable, es preciso tener en cuenta que ese dato no funciona aislado, sino que se relaciona con otras variables económicas y, por lo tanto, no puede tomarse separado para usarlo como argumento para empezar a reclamar justicia social. Con ese mismo criterio se podría caer en el error de denunciar el bajo monto del salario mínimo, arguyendo que en Estados Unidos, por ejemplo, un obrero gana en una semana lo que uno colombiano gana en un mes. La economía es una ciencia muy compleja y los altos funcionarios del Estado no pueden salir a decir lo primero que se les viene a la cabeza, sin que sus declaraciones causen hondas repercusiones, tal y como se vio en los días pasados tras las desafortunadas opiniones del VP.

Angelino Garzón puede tener las mismas inquietudes, sensibilidades y preocupaciones que cualquier colombiano de a pie, pero no es cualquier colombiano de a pie.