viernes, octubre 24, 2008

Se sabe

Se sabe que cualquier reporte sobre la situación de derechos humanos en Colombia, provenga de donde provenga, va a causar siempre un gran malestar en el país; no sólo en la alta cúpula del gobierno, sino entre la corte de aduladores del primer chalán de la Nación, cuyo caballito de batalla es la reiterada comparación entre el país que tenemos ahora y el país que teníamos antes de que llegara Uribe a la presidencia, hace ya seis años largos.

Se sabe que esos furibistas van a salir a revirar furiosos siempre que una organización internacional (llámese Naciones Unidas, Organización de Estados Americanos, Cruz Roja Internacional, Reporteros Sin Fronteras o Amnistía Internacional) haga un pronunciamiento sobre la terrible situación humanitaria que se vive en Colombia y que no ha hecho más que deteriorarse al amparo de la seguridad democrática.

Se sabe que esos aduladores se valen de cualquier pretexto, lógico o absurdo, válido o discutible, sensato o ridículo, para tratar de desvirtuar los cuestionamientos que puedan hacérsele a las políticas del ‘mejor presidente que ha tenido Colombia en toda su historia’. Uno de los más persistentes es insinuar que las organizaciones que elaboran esos inconvenientes informes se están involucrando en los asuntos internos del país. Pero cuando alguna de esas organizaciones condena las acciones de LAFAR o le pone a dicho grupo el rótulo de terrorista, ya no se habla de injerencia sino de inteligencia. Si un político extranjero respalda al gobierno es un estadista; si lo critica, es un metiche.

Se sabe que cuando algún medio foráneo felicita al doctor Uribe, le está haciendo un reconocimiento al abnegado esfuerzo de este titán de la democracia; pero si se le hace algún reparo se trata de una descarada intromisión. Cuando una columnista del primer mundo elogia la seguridad democrática, todos exaltan su buen juicio, la llaman de las emisoras y la reproducen hasta en el horóscopo. Pero cuando un corresponsal denuncia los excesos de la Fuerza Pública, o un editorial le pide compostura a Nuestro Señor del Ubérrimo, salen a tratar de desacreditar al medio o a decir que desconocen nuestra realidad.

Se sabe que en este país el señor José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, tiene no pocos malquierientes, que van desde el mismísimo presidente de la República hasta varios obsecuentes columnistas, convertidos hoy en defensores de oficio del gobierno. Independientemente de lo que Vivanco diga, sus estudios sobre nuestra situación van a ser leídos entre líneas y tergiversados para presentarlo como calumniador, sesgado, enemigo de Colombia, del gobierno y de la democracia.

Se sabe que esos mismos argumentos son los que se usan en regímenes proclives al totalitarismo cuando alguien los pone en evidencia y no encuentran mejor manera de controvertir los hechos. Curiosamente, esos fueron hace poco los pretextos del gobierno de Venezuela para expulsar de la República Bolivariana a Vivanco. Si en dos países tan distintos lo tratan igual de mal, debe ser porque algo está haciendo bien.

1 comentario:

  1. ¿Será que cuando Uribe se embejuca con Lina la trata de Terrorista de Civil?

    http://www.facebook.com/group.php?gid=30465795887

    Campaña contra la descalificación al que piensa diferente.


    María T Giraldo.

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