jueves, enero 21, 2010

Un 20 de enero


El 20 de enero está grabado en mi memoria por una razón muy particular, que nada tiene que ver con las fiestas de Sincelejo, ni con la tragedia ocurrida en las corralejas de 1980. Esta fecha se convirtió en un día muy especial para mí desde 1970, cuando mi padrino, Eduardo Alzate, me matriculó en la Escuela Simón Bolívar, en Armenia, Quindío. Tenía yo seis años recién cumplidos.

El ingreso a primero de primaria fue el inicio de un periplo de once años por la educación pública y cuatro establecimientos educativos, que me dejó grandes enseñanzas. Al concluir la primaria, en la escuela Enrique Olaya Herrera, un examen de admisión me dio acceso al INEM José Celestino Mutis. El proyecto INEM (Instituto Nacional de Educación Media Diversificada) fue producto de un ambicioso plan educativo del gobierno nacional y fue inaugurado en 1970 por el presidente Carlos Lleras Restrepo, con la apertura del INEM Francisco de Paula Santander, en Ciudad Kennedy.

Los INEM ofrecían educación de altísima calidad, con profesores muy calificados, en instalaciones de primera clase. En los dos primeros años de bachillerato todos los inemitas recibíamos la misma educación, pero con algunas asignaturas rotativas que cada bimestre cambiaban para darle a uno un panorama muy completo de las posibilidades que el colegio ofrecía.

A finales de 1976 me mudé a Bogotá, a Chapinero más exactamente, pero como en el vecindario no había ningún colegio cuyo pénsum coincidiera con el del INEM, tuve que continuar mi secundaria en el INEM de Kennedy; así que todos los días tenía que atravesar la urbe en bus, en un recorrido de más de una hora que se iniciaba antes del amanecer. A mi corta edad ese largo trayecto me permitía apreciar sin ninguna prevención y con mucha curiosidad todas las facetas de la gran ciudad.

Al entrar a octavo grado uno debía escoger entre cuatro opciones de bachillerato, y al ingresar a décimo había que seleccionar una modalidad. Yo opté por el bachillerato clásico y luego elegí Humanidades, de manera que teníamos énfasis en filosofía, psicología, sociología, economía, taller literario, historia, inglés y alemán o francés. La enseñanza de los idiomas era increíble: había laboratorios con cabinas individuales, grabadoras, proyectores, etcétera. Las clases de alemán las impartían profesores alemanes, gracias a un convenio con el Goethe Institut.

También teníamos una gran biblioteca, laboratorios muy bien dotados, para las clases de biología, química y física; y un coliseo y unos campos deportivos inigualables, de los cuales poco disfruté porque el ejercicio no era lo mío.

En el INEM hice mis primeros pinitos como caricaturista y pude desfogar mi afición por Alemania. Allí también recibimos clases del fallecido Gerardo Arellano y aprendí a leer y a analizar columnas periodísticas, gracias a las enseñanzas de Álvaro Mutis, homónimo del creador del gaviero.

Gracias al INEM sé que en países como el nuestro la buena educación pública también es posible.

6 comentarios:

  1. La buena educación pública era posible

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  2. Vladdo

    Me acuerdo muy bien de mi clases en el Exnacato, muy del corte de lo que describes.

    Y luego la universidad publica... antes de que la convirtieran en una bella pasarela de tostacos y minutos de celular cada 5 metros exactamente delimitados.

    Tiempos aquellos.

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  3. Vladdo, en Kennedy para esa época echaban piedra, ¿Usted mientras tanto dibujaba o comía esparkies a escondidas con sus amigas?. En cuanto a su relato, es una desconocida e interesante historia personal que deja positivamente mucho qué pensar de su actitud hacia la vida y de sus inquietudes intelectuales.

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  4. El INEM era un alma mater para juveniles mentes, el solo echo de cambiar de salón al sonar el timbre refrescaba la cabeza e incentivaba la labia .. y ¿que me dicen de saltar el muro cuando se llegaba tarde o se huía de los examenes?

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  5. Ausgezeitneht
    Vladdo muy bueno tu post, me hizo recordar mi educacion Media en el INEM Miguel Antonio Caro de Barranquilla. Pasando por el 6to y 7mo viendo comercial, ciencias, agropecuaria, industrial y todas las subasignaturas que estas tenian, para decidirme por la Academica, llamandome demasiado la atencion el idioma Aleman, para que en 9no optara por las Humanidades y conocer un mundo de literatura y conocimientos. Tschuss !!!

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  6. En la ciudad de Barranquilla conocí el INEM pero mucho difiere del que usted relata. Pero el saber que de esa calidad era la institucíón es algo utopico. Con eso no doy a entender que lo que menciona no sea real, sino, que como uno está acostumbrado a ver la que la educación va en un deterioramiento continuo, cualquier historia sobre la enseñanza del pasado es casi un cuento de hadas.

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