martes, mayo 10, 2011

La otra cara de Soraya


El día que empezaba la grabación del que sería su último disco –El otro lado de mí–, tuve la fortuna de acompañar a Soraya en un estudio musical en Miami. Luego la vi actuar en Macondo, en Miami Beach, y también en el Pawn Shop, en Miami. Siempre me hipnotizaba con su voz y la letra de sus canciones. Una vez, sostuvimos un diálogo muy relajado en un restaurante libanés, en esta ciudad. El resultado de esa conversación fue esta entrevista, una de las últimas que concedió y que fue publicada en El Espectador, en 2005. Cuando conmemoramos el quinto aniversario de su muerte prematura, comparto con ustedes las palabras de esta inolvidable artista y maravillosa mujer.   


Soraya, en la grabación de su último disco en Miami, en septiembre de 2004.
—Foto: Vladdo.

La tímida Soraya no sólo es una de las más importantes cantantes colombianas, pese a haber nacido en New Jersey, Estados Unidos. Graduada en literatura inglesa, e hija de inmigrantes latinos que trabajaron a brazo partido para sacarla adelante, ha sido una luchadora que en 2000, en la plenitud de su carrera, fue víctima de cáncer de seno, enfermedad que le había arrebatado la vida a su madre y a una de sus tías.  Luego de tres años de tratamiento y una mastectomía bilateral volvió a grabar y el año pasado obtuvo un Grammy Latino, venciendo a figuras como Joan Manuel Serrat y León Giecco.

Su nuevo disco, El otro lado de mí, publicado por EMI, incluye una canción inspirada en María Amparo Amaya, la poeta y lustrabotas bogotana, a quien conoció hace poco menos de un año, gracias a una nota de Gonzalo Guillén publicada en El Nuevo Herald. Esta semana lanza oficialmente el CD y a mediados de abril se presentará en Bogotá.
Vladdo la entrevistó en Miami.

Si tuviera que resumir en una frase lo realmente novedoso de este disco, ¿qué sería?
—La capacidad de escribir una canción como Alma de la calle. Antes tenía la sensibilidad, pero no tenía las herramientas para componer una cación así. Claro que conocer una persona como María Amparo (la lustrabotas) ayuda muchísimo.

Usted ha seguido en contacto con María Amparo y ella sigue igual de tranquila, ¿no?
—Sí. Y lo más lindo es que ella dice que ahora sí escucha música. Eso no lo hacía antes porque no le traía nada de alegría. La última vez que estuve en Colombia, decía: “Con esta experiencia ahora sí estoy lista para escuchar música”. Si ya no logro nada más, el haber conseguido eso es suficiente.

El título de este disco es El otro lado de mí. ¿Cuál es ese otro lado de Soraya?
—Hay muchos lados, pero en este caso es mi lado más rockero; el que me sale cuando estoy en los conciertos y que nunca había usado en mis grabaciones. En el estudio siempre me había puesto guantes de seda para grabar mis canciones, para grabar mi voz. Esta vez grabé con más agresividad, con más seguridad. Con esa misma energía que tengo cuando estoy en el escenario, menos baladista, menos melancólica… Cuando empecé a tocar en mi guitarra la canción El otro lado de mí, les dije a mis músicos que esa pieza tenía que funcionar con una base en cumbia, pero no servía si era una cumbia pura. Ni tampoco si era rock-pop pura. Tenía que ser una fusión, en la que me tocaba modificar tanto la cumbia como el rock-pop. Y entre todos trabajamos como tirando colores en un lienzo. Y al final salió muy bien.

Su disco anterior (Soraya) era una reafirmación de que seguía viva, de que regresaba después de haber superado la etapa más crítica de su tratamiento contra el cáncer; fue como un paréntesis. Sin embargo en El otro lado de mí regresa la artista pero aún queda algo de nostalgia, de corazón arrugadito, en algunas de las canciones…
—Si se escucha la música se percibe un sentimiento; si se leen las letras únicamente, hay un feeling completamete diferente. Me gusta ese conflicto. Yo creo que, de todas maneras, cuando me siento a componer es mucho más fácil escribir canciones melancólicas, de despecho, de desamor, porque es una materia más interesante para componer, para hacer una propuesta que ojalá pueda servir como una banda sonora para la vida de los que la escuchen. En el website (www.soraya.com) y en los viajes la gente me cuenta que se ha casado con mis canciones, se ha separado con mis canciones, han tenido reconciliaciones con mis canciones. Siempre son momentos intensos.

¿Hasta qué punto estas canciones reflejan vivencias personales?
—Tienen un poco de eso. Pero si alguien me cuenta algo de su vida que me inspire, no puedo sentarme a componer una canción sin ponerme en la situación de esa persona. Sin embargo no creo que alguien tenga una vida que pueda alimentar todas esas noches que uno se tiene que sentar a componer, y que sea universal a la vez.

Usted es muy celosa de su vida personal, pero ¿cómo está  su corazoncito?
—Corazonsote. Está bien, está creciendo todavía y ojalá siempre siga creciendo. No me voy a casar mañana, no está en ese punto, pero está bien…

¿Quiere decir que hay algo por ahí? ¿Que está acompañado su corazón?
—No constantemenete, pero cuando quiero la compañía, sí. Estoy en un momento muy chévere, estoy disfrutando, pero soy consciente de que sigo en una evolución y lo manejo todo con mucho cuidado.

Soraya con Vladdo, en su estudio en Miami, en septiembre de 2004.
Comparado con los trabajos previos a su enfermedad, ¿cómo fue el proceso de componer estas nuevas canciones?
—Creo que como compositora he mejorado un montón, melódicamente, en mis letras, y eso ha cambiado mi proceso de composición. Me sentí más suelta a la hora de componer.

En la primera canción del nuevo disco, habla de la Soraya que quiere ser. ¿Cuál es esa Soraya?
Uno nunca puede ser la misma persona 24 horas al día, hay que asumir el rol de cada momento. Hay momentos en que uno quiere tener más libertad, así sea por unas horas.

¿Cuál es la Soraya que menos le gusta?
La que me gusta es la Soraya que no se toma en serio, la que le fascina caminar descalza en su casa, ensuciarse en el jardín, la que en cualquier momento se sienta en el piso con su guitarra y en una hoja escribe el borrador de una canción. Y la que me frustra es la que es muy perfeccionista.

¿No es contradictorio considerar como un defecto la búsqueda de la perfección?
—Pero es que a veces me exijo demasiado, lo cual es bueno y es malo.

De lo que se hace musicalmente en Colombia hoy, ¿qué es lo que más te gusta?
—Que los autores no se olviden de la música colombiana en sus arreglos, que no se olviden de los ingredientes de la tierra. También me gusta que hablen de la temática actual de Colombia, más allá de lo político.

¿Y qué no le gusta?
—No me gusta que por buscar el éxito comercial, haya que repetir o copiar algo que ya existe, en vez de abrazar algo propio o hacer una búsqueda inicial, sobre todo en la gente que está empezando. Pero eso no ocurre sólo en Colombia, también pasa acá en Miami. Es lo que más me molesta de la industria: que en vez de aprovechar las diferencias, siempre buscan repetir algo que en el pasado tuvo éxito.

¿Dónde se siente más a gusto?
—En Miami. Acá está mi hogar, he echado raíces y me siento muy bien; este es mi lugar. Claro que cuando voy a Cali (de donde es su familia), después de una hora ya me siento en casa.

Cuando  le preguntan de dónde es, ¿qué responde?
—Digo que nací en Estados Unidos, pero de padres colombianos. Y cuando me presentan como “la cantautora colombiana”, me siento orgullosa, porque si puedo ayudar a dejar el nombre de Colombia en alto, me parece chévere. Mi pasaporte es azul, pero mi sangre corre en amarillo, azul y rojo. Aprecio que todos mis valores, mi tenacidad, ese instinto básico de luchar, vengan de mis padres.

¿Se siente extraña en Colombia?
—Hasta el año pasado me sentía así. Pero el año pasado algo dentro de mí cambió, y me atreví a abrir cierta parte de mí, a ver si me aceptaban y me aceptaron. Derrumbé muchos de los muros que había levantado debido a mi timidez. Necesitaba hacerlo no sólo como parte de mi proceso creativo, sino de mi evolución como persona. Necesitaba definir hacia dónde iba y recuperar mis raíces.

Soraya en su última aparición pública en el Pawn Shop, de Miami, en 2005.
—Foto: Vladdo

Pasando a ese otro aspecto de la vida, el de su activismo en la lucha contra el cáncer, ¿qué le dice a una mujer a la que le acaben de diagnosticar la enfermedad?
—Que lo tome con calma y con paciencia, que se informe. Este año ya apareció una nueva droga y en cinco años ha cambiado la forma de combatir el cáncer de seno. Hay que conocer al enemigo, conocer sus debilidades y enfocar todas las energías en esa lucha. Y toca tener paciencia, y pedirles paciencia a la familia y a los amigos, porque es una batalla a largo plazo.

¿Qué sintió cuando le diagnosticaron a usted cáncer de seno?
Nada. Fue un golpe tan fuerte, tanto el dolor emocional, que no sentí nada. Han pasado cinco años y no sé cómo describir ese momento. Piensas en nada y piensas en todo a la vez. Luego, empecé a buscar ayuda, a buscar apoyo.

Cuando se ve acá, viva, trabajando, y mira hacia atrás, ¿qué piensa?
—Me digo: “Impresionante lo que has hecho, mujer”. Es importante para el crecimiento y la autoestima darse cuenta de que pese a lo duro que ha sido este camino, estoy bien, un poco golpeada, pero bien. Creo que de vez en cuando, con una enfermedad o sin ella, hay que parar y pensar: ¿ando bien o ando mal? Y hacerlo antes de enfrentarse a situaciones extremas.

2 comentarios:

  1. AGRADEZCO PROFUNDAMENTE ESTE ARTICULO SR VLADIMIR VLADO RECIBA UN CORDIAL SALUDO DESDE MEXICO CON APRECIO SOY MEGA FAN DE SORAYA Y ESTAS FOTOS NUNCA LAS HABIA VISTO GRACIAS Y QUE DIOS LO BENDIGA

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