jueves, noviembre 11, 2010

9 de noviembre

Esta es una semana de recuerdos agridulces tanto en Berlín como en el resto de Alemania. Por un lado, un nueve de noviembre, en 1938, se llevó a cabo la Noche de los Cristales Rotos, aquella jornada fatídica en que los nazis rompieron las vitrinas de los negocios de los judíos y atacaron las sinagogas y los hogares a lo largo y ancho de todo el país. Estos hechos, en los cuales también fueron atacados almacenes y templos judíos en Austria, podrían ser considerados como el primer campanazo de alerta de lo que pasó pocos meses después, cuando la campaña de exterminio antisemita se volvió inatajable y habría de quedar registrada como la peor vergüenza de la historia de Alemania.

En contraste con lo anterior, otro 9 de noviembre, en 1989, se produjo la caída del muro de Berlín, que marcó el comienzo del colapso de los regímenes socialistas de Europa Oriental y que dio paso a la reunificación de un país dividido durante décadas.

Como es obvio cada una de estas conmemoraciones tiene un carácter particular y es abordada de diferentes maneras en Alemania tanto por las autoridades como por sus habitantes.

Para algunos líderes judíos el significado de la Noche de los Cristales Rotos ha perdido importancia y no pocos temen incluso que pase al olvido, al igual que la historia misma del Holocausto. Sin embargo, a juzgar por el cubrimiento que los medios han hecho de este acontecimiento podría decirse que dicha percepción carece, en parte, de fundamento.

A pesar de lo anterior, es evidente que la memoria de los alemanes de hoy es más sensible al recuerdo de las jornadas de júbilo de noviembre de 1989, cuyas imágenes están aún frescas en la memoria de millones de personas que vivieron el fenómeno en persona o lo apreciaron en vivo a través de los medios.

Así y todo, la celebración de la Caída del Muro no congrega de manera generalizada a la población y, así como hay judíos que se lamentan por la indiferencia respecto a la Noche de los Cristales Rotos, hay muchos otros alemanes que preferirían que el recuerdo de los hechos de 1989 fuera más solemne, pues de hecho hay jóvenes que no sólo desconocen su significado, sino que ignoran que alguna vez hubo una pared que dividía una ciudad y un mundo.

Sea como fuere, lo cierto del caso es que para los alemanes noviembre comienza con muchos sentimientos encontrados, ya que las citadas fechas marcan de cierta manera el inicio y el final de un capítulo de la historia que no se ha cerrado del todo, pues así como la Noche de los Cristales Rotos fue el principio de una negra y dolorosa etapa, la Caída del Muro fue también el comienzo de un complejo proceso nacional de reintegración que aún sigue en curso, con no pocos tropiezos, y que todavía está muy lejos de completarse.

3 comentarios:

  1. Buenas, Amigo Vladdo.

    Yo solo tenía 13 años cuando cayó el muro y no tenía una visión panorámica de todo lo que estaba sucediendo. Sin embargo, recuerdo que veía las imágenes por televisión y me impactó mucho (aún lo tengo presente) ver a un joven golpeando el muro a martillazos. Yo pensé que esa no era la manera más rápida ni más fácil de echar abajo el muro (Mejor esperar a los bulldozers) pero por la cara de júbilo que se veía en la gente con los martillos, era claro que esos golpes tenían más simbolismo que efectividad.

    Saludos

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  2. Es cierto Vladdo. Aún hoy en día persiste un muro artificial entre las Alemanias. Basta con mirar los indicadores de desempleo y de capacidad de poder adquisitivo en los diferentes estados alemanes y se encontrará un marcado rezago de la zona oriental. De hecho, el extranjero que llegue a radicarse en alguno de los estados de la Alemania Oriental enfrentará cierto racismo motivado por la idea de que le está quitando un puesto de trabajo a un alemán; situación muy diferente en la zona occidental, con ciudades más prósperas y con un mayor desarrollo industrial.

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